Cuando ves el libro por primera vez, piensas, ¡con todo lo que yo he estudiado a lo largo de mi vida, esto se me va a dar genial!. Pero luego abres y libro y compruebas con desilusión (por decir algo) que no entiendes nada, empezando por el tema de la Constitución!
Cuando ya eres capaz de entender de que tratan las primeras páginas, piensas, ¡bueno, cuando llegue a los temas específicos todo será más fácil!.
¡Ja, pobre iluso! ¿y hasta que llegues a esos temas? pues nada, venga a estudiar Constitución, y la Corona, y la Administración del Estado,¡ y todo por conseguir una plaza de trabajo fijo!. Con lo malísimo que es para la salud el trabajar y sin embargo lo pedimos a gritos.
Bueno, siguiendo con el temario de la oposición, intentas no quedarte dormida en esos temas que no te interesan, no por nada, puesto que la Constitución es importante, sino sencillamente porque no le ves el uso para el puesto al que tienes pensado opositar.
Y te pasas los siguientes meses de tu vida encerrada, estudiando un mínimo de cuatro horas diarias, sin que te de el sol, sin poder mirar ni hacia un lado para no despistarte y quedarte con todo, y poco a poco sientes que te estas volviendo loca, sobre todo cuando hasta el volar de una mosca te despista... será que estoy tan aburrida que hasta eso me interesa.
Y sueñas con el sol, con dar una vuelta con tus amigas, con sacar al perro (con lo poco que te gustaba antes, aunque lo quieras muchísimo), con escapar de la Constitución y sus 165 artículos repartidos en un título preliminar y diez títulos, más..., y de la reforma de la Constitución, y sueñas con que los padres de la misma (constitución) hubieran pensado que algún día para acceder a un puesto de trabajo sería necesario saber todo eso de memoria y la hubieran hecho más corta y más sencilla.
Y este es el diario de vida de una opositora a jornada completa.
¡¡¡Y esta sería yo si no fuera por que puedo engancharme un rato al ordenador!!!